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martes, 16 de agosto de 2016

Noche en el Puntal III

Pues si, parece que este fin de semana hemos hecho cosas con el barco que hasta ahora no habíamos hecho; como si estuviera acabandose el verano.
Queríamos ir a la isla de Mouro y de camino fondeamos enfrente de la playa de los Peligros. Acabamos comiendo a las 16:30 porque se nos había hecho tarde y como hacia un calor del demonio, primero nos bañamos.
Luego fuimos a vela a la isla de Mouro. Había una ola de 0,7m pero se estaba muy bien, aunque fondeamos bastante lejos porque la pequeña cala que forma la isla estaba abarrotada de barcos (estamos a 14 de agosto).
Nos tocó remar hasta el pequeño embarcadero, barrido por las olas. Cuando estábamos  desembarcando, una ola que corría por encima del embarcadero, acabó llenando de agua el bote, al que dejamos amarrado a un noray para subir al faro. En este invierno,  un temporal ha arrancado una roca que ha quedado bloqueando las escaleras de acceso. Ahora hay que pasar por encima de esta roca. La isla estaba llena de cadáveres de pollos de gaviota que supongo se habrían estrellado en su primer intento de vuelo.
Con el sol poniéndose, fuimos a fondear al puntal. Esta vez nos quedamos frente al segundo chiringuito donde hemos descubierto que por la noche, aunque está muy transitado, al menos no ponen música.
Al día siguiente, sin novedad, desembarco para largo paseo por la playa de las Quebrantas, al otro lado del Puntal y vuelta al barco.
Cuando regresábamos, entró de repente una niebla que cubrió toda la línea costera. El interior de la bahía sin embargo, estaba despejado. Por una llamada a Salvamento Marítimo, por el canal 72, nos enteramos que la niebla llegaba hasta unas cinco millas de la costa y permitía una visibilidad de 200m. El barco llamaba para saber si estaba prevista la entrada o salida de algún mercante. Mal trago.
La playa de los Peligros
La isla de Mouro al atardecer. Ya sólo queda una motora.
Levantando el fondeo.
La niebla avanza hasta cubrir el golf de Pedreña.

viernes, 12 de agosto de 2016

Desembarco en los arenales

Este domingo hemos fondeado em la Huera grande o Canal de la Costa para comer y bañarnos antes de ir a la playa de Pedreña porque de ir al puntal con todo el mogollón,  ni hablamos. Ignacio y yo desembarcamos en el sable y nos dimos una carrera hasta el final, enfrente del Club Marítimo.

Después de comer,  ya con la marea más alta  fuimos a las playa de Pedreña, también para desembarcar y darnos otro baño. Hacia mucho nordeste y me quise pegar más de lo normal al espigón,  se ve que el ancla y esa parte del fondo no se conocían porque tuve que fondear cuatro veces con sus cuatro aproximaciones porque el ancla no se quería quedar allí.
El Savreh fondeado en la Huera Grande. Cuando sube la marea parece que estamos en mitad de la bahía.


Jugando a piratattack

jueves, 11 de agosto de 2016

Mar de Liguria Ep. 6 Cavalaire Cannes

37,06 millas
9h 18 min.
Avg speed: 3,98 knots

Esta etapa, que en principio se presentaba con muy poco viento, fue de una navegación muy agradable, con el espí. Ibamos sin objetivo concreto y finalmente pasamos de largo por el golfo de San Tropez y llegamos hasta Cannes.

Hubo momentos de muchísimo calor que finalmente solucionamos con un baño de arrastre, que a más de tres nudos, es bastante difícil mantenerse agarrado al cabo. Probamos también, que si el cabo que arrastra está amarrado por babor, y la escalerilla se encuentra en estribor, es IMPOSIBLE, pasar de un lado al otro con el barco en marcha.

Que conste que también iban a motor.


Barcos clásicos amarrados en Cannes


martes, 9 de agosto de 2016

Laredo - Santander, tiburones y delfines

Tiempo total: 9h 33min
Distancia: 32,13 millas
Velocidad media: 3,36 nudos
Velocidad máxima: 5,15 nudos

Compárese con el viaje de ida de 21 millas y 5h 16 minutos.

Por la mañana vinieron mi primo Antonio, su mujer Cristina, y su hijo Antonio. Cristina se iba con Mar y los niños por tierra y los "Atos" me acompañaban a mi por mar. Tenían hambre de navegar por lo que hicimos casi todo el trayecto a vela. La verdad es que hacía un día muy agradable, aunque teníamos el viento en contra y en un principio nos costó más de dos horas pasar por el norte del faro del Pescador. Teníamos mar de fondo de dos metros y andábamos unos tres nudos, lo suficiente para aguantar a vela si lo estás pasando bien.

Maniobrando para salir de Laredo.


Antonio padre.

Antonio hijo.

Dando bordos y a medida que queríamos doblar el Cabo de Ajo, iba rolando el viento al oeste, nos dimos cuenta que había más viento por fuera así que el bordo más largo lo dimos para entrar al siguiente en Santander. Estábamos rodeados de los primeros participantes de la regata "El Gaitero" que venían de Bilbao y llegaban a Santander. Unos iban por tierra y otros por fuera.

Cosiendo la tierra al mar.



Cuando más lejos de la costa estábamos, cayó el poco viento que había.

Entonces se precipitaron los acontecimientos. 

Como en el viaje de ida, llevábamos una cacea por la popa, sin muchas esperanzas, dado mi nulo desconocimiento de alguna técnica de pesca, tal vez una dorada o una lubina. De vez en cuando la subía para comprobar que lo que pesaba no era el señuelo. En una de esas, y cuando nos estábamos quedando sin viento, veo que trae algo, preparamos el cubo, el redeño y cuando pensábamos que subíamos una aguja ¡un tiburón!. 

Una tintorera según nos dijeron después, por las fotos. Lo subimos a bordo, en el fondo de la bañera (nosotros nos subimos a los bancos) y agarrándolo con una toalla, pues la piel era muy áspera, le intentamos quitar los anzuelos. El que tenía metido en la boca, lo corté con un alicate y se lo regalé...

La tintorera mordió el señuelo por el centro y se retorcía enredándose con el redeño.

No nos habíamos repuesto de la sorpresa del tiburón y ya íbamos a motor cuando vemos una manada de delfines, al menos una madre con su cría y otro delfín. Este tercero se nos puso bajo la proa a jugar y curiosear y al rato se fue.


Para acabar con más emociones, la entrada en Santander, ya casi de noche, fue de lo más complicada. La marea bajando con muchísima fuerza, tanto, que formaba remolinos, los barcos del Gaitero que entraban ciñendo y casi parados por la marea, la flota pesquera saliendo todos a la vez porque deberían haber abierto el puente del Barrio Pesquero, un Ro-Ro por la canal con el capitán histérico dando bocinazos para que se apartaran los veleros, parados en mitad de su trayectoria...

Un viaje muy emocionante, y el más largo que he hecho con el Savreh.


lunes, 8 de agosto de 2016

La ría de Treto


Los objetivos de este crucero para el día de hoy eran subir por la ría de Treto hasta el puente, e intentar quedarnos a dormir en Santoña para ver el pueblo. Si no hubiera sitio, siempre nos quedaría volver a Laredo. Habíamos descartados quedarnos en Colindres porque el puerto deportivo se encuentra a un kilómetro aproximadamente del pueblo, atravesando una zona bastante fea de polígonos industriales y concesionarios.

Los RX en el campo de regatas. Al fondo del todo, punta Galea (Bilbao)
Cuando salimos de Laredo, vimos que en el abra, estaban preparando un campo de regatas para los mundiales de RX que estaban celebrando en Santoña, vimos en una zodiac a José Manuel, un marinero del Marítimo. Soplaba nordeste y fuimos a vela todo el camino, doblamos el puntal de Laredo y pasando por los muertos del náutico, subimos por la ría. La marea estaba baja, por lo que no había mucha corriente.




 Un recorrido muy bonito porque vas paralelo a la "parte trasera" del puntal de Laredo, una zona más salvaje con algún camping y algún centro ecuestre que se intuye entre los eucaliptos y pinos de la orilla. Vimos también mucha gente a caballo paseando por la playa y metiendo los caballos en el agua. Muy bonito. 

El puente de Treto.
La parte giratoria del puente, tiene como eje el pilar central.
Llegamos hasta donde se puede llegar actualmente con un barco de vela, hasta el puente de Treto, de acero roblonado, de la escuela de Eiffel, Tiene un vano giratorio, ahora en desuso que permitía el paso de los barcos, que llegaban hasta Limpias y otros dos vanos de mayor luz, con estructura en arco, por encima de la plataforma. También entramos en el puerto de Colindres para inspeccionarlo y sin ver gran cosa, nos dimos la vuelta.

La marea ya estaba subiendo así que metimos motor y decidimos fondear a un lateral de la ría para comer. Estábamos solos, ni una ola, ni un ruido, ni un alma, ni un coche, en mitad de las marismas, eso sí, mucho calor, que solucionamos amarrando el fondeo por la popa.

Nuestra brevísima estancia en el puerto de Santoña
Después de la siesta decidimos ir a Santoña a ver si hacíamos noche, a medida que nos acercábamos veíamos el bullicio de la regata, los de la organización, cruceros franceses que salían del puerto, supongo que por no haber encontrado sitio. Primero nos amarramos en la gasolinera para preguntar, no nos quedamos en ella porque ponía un cartel bastante clarito "PROHÍBIDO AMARRAR DE DÍA O DE NOCHE", luego nos amarramos en los pantalanes de tránsito, que en principio estaban reservados para la organización de la regata. Le preguntamos a un inglés y no quiso pringarse, luego desembarcamos Ignacio y yo y fuimos a la capitanía, pero no habíamos andado ni cien metros cuando me llama Mar, que se había quedado en el barco, que había un extranjero riñéndola como un energúmeno, que en menos de dos minutos saliésemos pitando de allí, así que con la misma, nos fuimos a Laredo de nuevo.

En la oficina de Laredo, pese a haber enviado toda la documentación de los amarristas a la capitanía por ser fin de mes, habían hecho una fotocopia de la mía porque sabían que íbamos a volver con el rabo entre las piernas.



Por la noche, nos dimos de nuevo una vuelta por Laredo, nos tomamos una sidra con una máquina de escanciar que manejaban los niños y la primera parte de la cena, la verdadera cena, en el barco.

sábado, 6 de agosto de 2016

El Faro del Caballo

Al día siguiente no se cumplieron las previsiones que daban nublado y amaneció totalmente despejado. 

Una de las excursiones previstas era la de fondear bajo el faro del Caballo.  Fue construido en 1863 y anteriormente tenía adosado la casa del farero. Los casi 700 escalones de acceso por tierra fueron picados en la roca por los reclusos del Penal del Dueso. Está en un acantilado orientado al este por lo que si hubiera soplado el nordeste típico del verano de fuerza 4 ó 5, no hubiéramos elegido este lugar, pero soplaba norte flojito y además no había mucha ola. El fondo es de arena limpio y hay algunas rocas permanentemente sumergidas que destacan mucho sobre el fondo verdoso y que son fáciles de evitar. 
Después de tener que repetir la maniobra por querer apurar demasiado, fondeamos bastante cerca del faro. Enseguida nos bañamos todos y yo me fui buceando a las cuevas que hay debajo del faro. Son muy altas, profundas y tienen varias entradas desde los acantilados, a ellas entran piraguas, incluso botes a motor.

Después de comer, los niños vieron una película en el i-pad y Mar y yo nos echamos una siesta. Desde la litera, el único paisaje que mostraba la escotilla de proa, pese al borneo y las olas, eran los acantilados repletos de vegetación del monte. 
Nos dimos otro baño y volvimos a motor a nuestro nuevo puerto base de Laredo. El pantalán A de tránsito estaba repleto de veleros franceses, incluso motoras y catamaranes. El nuestro era el barco mas pequeñito. Nos hicimos amiguetes de un matrimonio con una motora, de crucero hacia Galicia y de un matrimonio  de Bilbao con dos niños de la edad de Ignacio y Sofía que también estaban de crucero y venian de Castro Urdiales.

Los niños se hicieron amigos y se entretenían pescando quisquillas en los pantalanes cuyos flotadores están a punto de declararlos reserva natural, debido a la cantidad de fauna que albergaban.

Por la noche, después de una ducha, fuimos a la parte antigua de Laredo a comprar algunas provisiones y picar algo.


Nunca había buceado dentro de una cueva.



Esta noche no llovía y se podía estar con el barco abierto.

viernes, 5 de agosto de 2016

Santander Laredo bajo el agua (y bajo las rocas)

Distancia: 21 millas
5h 16min
Velocidad media: 4 nudos
Velocidad máxima: 5,1nudos

El domingo 31 de julio, San Ignacio, hemos llevado el Savreh a Laredo para un crucero  en familia de cuatro días por las marismas de Santoña. 
El día anterior instalé el nuevo cañín y el camcleat  del pajarín, en la botavara que tenía las muescas desgastadas y ya no mordía el cabo;  el cañín  no es telescópico como el anterior,  en realidad es para  vela ligera y mide 80cm, pero más que de sobra para llevar la caña desde las bandas.
Con Chete, un amigo, quedé a las 9:00. Bajo un persistente calabobos ahí estábamos los dos, lo primero que hicimos fue ir a la gasolinera y llenar los dos depósitos de 12 litros porque se preveía poco viento y mucho motor. Salimos de Santander a motor, solo con la mayor y siguiendo el camino más corto, pegados a las piedras, tanto que casi podíamos hablar a gritos con los pescadores que estaban en las rocas, en sitios que Dios sabe como habrían llegado hasta allí. Además, en verano, el Cabo de Ajo tiene una corriente hacia el oeste, desfavorable a nuestro rumbo, que es menos intensa en la costa.

A la altura de Cabo Quintres vino un chubasco por el oeste que nos renovó la mojadura pero nos aportó un poquito de viento para andar un rato a vela, además redujimos la velocidad de cuatro a tres nudos y picó una dorada en la cazea. Cuando estaba subiendola abordo se enganchó con el cintón y se me fue al agua, una pena porque yo me la hubiera comido allí mismo después de pasarla por la sartén. Enseguida pasó el chubasco y metimos motor de nuevo.

Pronto doblamos el Faro del Caballo que estaba lleno de gente que bajaba por los 700 escalones a darse un baño. Al fuste del faro, de sillares de piedra natural, le habían hecho una gigantesca pintada, que hay que ser hijo puta...

Sin más  novedad llegamos al puerto deportivo de Laredo, habiendo gastado tan sólo unos cuatro litros de combustible. Hicimos los papeles y nos reunimos con Mar, los niños, y la mujer y la hija de Chete que habían venido por tierra. Pasamos una tarde muy agradable juntos dando un paseo por el pueblo.
Ya de noche, y todavía lloviendo, cenamos en el barco y nos acostamos con la esperanza de que al día siguiente hiciera un poquito más de sol.





El faro del Caballo, en las faldas del monte Buciero, en Santoña